Gimnasio Espiritual

Hace unos días conversaba con una amiga sobre una vida espiritual conforme al corazón de Dios y entre tantas cosas me surgió la idea de que esto es similar a “comenzar el Gym”.

Decimos que vamos a empezar el Gym, tan optimistas y determinados, vamos 3 días, y luego nos cansamos o decimos: “Hoy tomaré un descanso y mañana regreso”, muchas veces no volvemos hasta el próximo mes; y regresamos al punto donde comenzamos: “hoy empezaré el Gym, y ahora si es de verdad”.

Así es con nuestra vida espiritual, “Esta semana comenzaré un ayuno de 21 días o llevaré una cadena de oración”, y al tercer día muchas veces ponemos alguna excusa, o hasta se nos olvida, o decimos que no es el momento para ayunar y así volvemos al punto de inicio.

Mantener una vida espiritual no es solo sacrificios, sino determinación, cuando ya tenemos 1 mes en el Gym, tonificas y bajas unos kilos, pensamos que ya nada nos quitará ese hábito, pero ese momento de seguridad es el más vulnerable, porque nos sentimos tan seguros, que nos arriesgamos y decimos: hoy yo puedo faltar porque sé que por un día que falte no dejaré de venir, ¡¡y puff!! Volvemos a iniciar.

Intentemos, reintentemos, y volvamos a intentarlo, mostremos determinación porque nuestro entrenador Dios, verá nuestro esfuerzo, nuestra resistencia, nuestro deseo, y nos motivará, nos ayudará y llegaremos a ese punto donde entenderemos que no se trataba del tiempo sino de la pasión, la fe, de que siempre debimos verlo como una meta diaria y no a largo plazo. El entrenador nos enseñará cuales áreas debemos tonificar, cuales deben bajar y ciertamente las que deben aumentarse, porque sólo El conoce cuál es la medida del varón perfecto ante su mirada.

Mi meta, tu meta, nuestra meta es un día a la vez. Tengamos paz porque nuestra membresía fue pagada y puedes acceder libremente cuantas veces sea necesario, pero no te rindas, pues en uno de esos vaivenes, lo lograrás.

Tú, sin embargo, “persiste” en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido. (2 Timoteo 3:14)

Pameyris Pineda.

Santo Domingo, República Dominicana.

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