Un niño con el diagnóstico de autismo

Mi padre eterno me ha enseñado con el tiempo, que un diagnóstico, no es un pronóstico, que el único que puede saber a ciencia cierta quién será una persona, es su creador, ¿que los libros de psicología en muchas ocasiones se equivocan?  ¡Uy! sí,  ¡Sí que se equivocan!

El autismo es un camino arduo, espinoso y desafiante, en el que se es capaz de convertir la impotencia en el combustible que te impulsa para llegar hacia la próxima meta, en el que descubres que no hay nada inconquistable con fe, paciencia y exceso de constancia.

He aprendido lo que significa «mirar al invisible”.

El autismo me ha enseñado a hacer limonadas sin azúcar y aún así, lograr que sepan dulce, a superar pruebas que podrían reducir a polvo al más fuerte batallón.

He aprendido a secarme las lágrimas riéndome del presente, porque sé que el futuro ya fue escrito por el dedo de Dios.

Con el autismo he aprendido que la ayuda no viene de quién puede porque tiene los recursos, sino de quien quiere y es capaz de dar, aún sabiendo que quizás se nos dificulte devolver el gesto.

He aprendido que la inclusión es sólo una utopía, en un mundo donde ya nadie cree en los cuentos de hadas.

El autismo me ha enseñado a ser fuerte  por encima mi debilidad, me ha revelado que el cansancio es solo un accesorio que se desabrocha con una sonrisa.

Me ha dejado ver que el insomnio es  el umbral de la realización de un sueño y que un poco más, de verdad  significa que falta menos.

También el autismo, me ha decepcionado,  porque siempre me dijeron que los niños como Daniel eran «Ángeles», pero descubrí que de ángel solo tiene la letra A, que está luego de la D de su nombre, jajajaja… No es un ángel, es un niño…. ¡Uf!  ¡Qué decepción! porque sus travesuras, sus logros  y su felicidad no se esconden detrás del autismo, son lo que son, SON COSAS DE NIÑOS,  sí, de un niño.

He aprendido que la esperanza no tiene un interruptor, que nadie la puede apagar, que soy madre, una simple madre, pero con la entereza de Rebeca, aquella mujer que hizo hasta lo imposible para que lo que Dios dijo se cumpliera y ¿sabes qué?, lo logró. Yo también lo lograré, pues el autismo podrá eclipsar un día feliz, pero jamás podrá eclipsar lo que ha salido de la boca de Dios.

En este día 2 de abril, día mundial de la concienciación sobre el autismo, quiero que sepas que aún nos queda un largo camino por recorrer en la carrera de vida, que si estás dispuesto puedo otorgarte un número en este maratón para que nos acompañes, pero que sino, simplemente te quedas fuera, porque nuestras fuerzas solo serán invertidas en aquello que nos sume, lo que nos resta, lo dejamos al lado del camino para seguir corriendo hasta llegar hasta la meta.

Anny Esther Burgos.

Santo Domingo, República Dominicana.

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