La Humildad, característica de una hija de Dios

La humildad se define como la capacidad de reconocer nuestras propias limitaciones, también es la capacidad de restar importancia a los propios méritos y logros.

Sencillez, modestia, docilidad y obediencia son sinónimos de humildad, mientras que la soberbia, arrogancia y altivez son actitudes contrarias a la humildad, y podemos observar la diferencia en la vida de las personas, producto de asumir una u otra postura.

Romanos 12:3 dice «Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado».

Consideremos dos ejemplos en el libro de Ester, uno de ellos es el de la reina Vasti, mujer soberbia y desobediente; el Rey Asuero, su esposo, la manda a llamar para presentarla en un banquete que este daba, independientemente de si era factible o no, todos debían obedecer al Rey. Ella se niega y se queda haciendo banquete con sus amigas, esta actitud le costó la corona, ya que el Rey se sintió avergonzado por esta desobediencia. Se hizo consejo y se determinó que la reina Vasti debía ser sustituida por una reina que fuera mejor que ella.

El otro caso es el de la reina Ester, siendo de origen Judío, huérfana, pero sencilla y dócil seguía todas las instrucciones de su primo Mardoqueo, que se convirtió en su padre adoptivo. Al divulgarse el edicto del Rey para sustituir a la Reina Vasti, ella es llevada a la casa real y allí se convierte en la reina Ester que conocemos, por su humildad, temor y obediencia a Dios.

Las hijas de Dios no se dejan arrastrar por el poder y el orgullo de tener posiciones y/o posesiones, saben que esto es pasajero y que hoy puedes estar arriba, pero mañana puedes estar en el otro extremo.

Tenemos el mayor ejemplo de humildad en nuestro Señor Jesucristo, que siendo Dios se humilló hasta lo sumo. Filipenses 2:6-8 nos dice: 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Cultivemos la humildad, es una virtud, tratemos a los demás como dice la Palabra, considerándoles superiores a nosotros mismos, no teniendo más alto concepto de sí del que debemos tener.

Las personas humildes reflejan paz en sus rostros, y recordemos que ser humildes no es dejar de reconocer quiénes somos y el valor que tenemos, es saberlo pero no presumirlo.

Honra y ama a tu Padre Celestial, con todo lo que eres y con lo que tienes.

Dios te bendiga.

Pastora Juana Contreras.

Santo Domingo, República Dominicana.

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