El Dios de mis sueños

Para el año 2010 después de 3 años de casados mi esposo y yo tomamos la decisión de agrandar la familia, entendíamos que ya era necesario tener hijos ya estaba bueno de ser solo 2! Después de intentarlo durante poco tiempo, 3 pruebas lo confirmaban ya estaba embarazada, recuerdo que estábamos muy emocionados, creo que yo más que él, pues siempre soñé con ser madre, así que desde el momento en que la prueba de farmacia mostró positivo ya amaba esa criatura; fuimos al médico y me indicó una sonografía que debía hacerme la semana siguiente, para ese momento tendría 6 semanas de embarazo.

Llegó el día de la sonografía y seguíamos con la misma emoción y grandes expectativas porque por primera vez escucharíamos su corazón, así que allí estábamos esperando nuestro turno, cuando entramos el médico comienza a pasar el doppler, pero no dice ni media palabra, a lo que le digo por favor déjeme escuchar su corazón, ¿Porqué no lo escucho? ¿No activó el sonido? ¿Qué pasa? Y él solo me responde…. “debe ver a su médico”, yo insistí  ¿qué pasa? él me dice: “no hay frecuencia cardíaca, su bebé no tiene vida, lo siento”; ya se podrán imaginar, allí estaba yo ahogada en un mar de llantos, no podía pensar, no podía hablar, simplemente no entendía que había hecho mal, al otro día debíamos ir al doctor a primera hora por debían practicarme un legrado, sin dudas pase una de las peores noches de mi vida al saber que al día siguiente sacarían uno de mis sueños sin vida, mil y una preguntas vinieron a mi mente pero solo una respuesta recibí de parte de Dios, Dios habló a mi corazón y me dijo: en Job 1:21b “El Señor dió, El Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor”, de la misma forma en que el salmista David hizo cuando el hijo que tuvo con Betzabe murió, me levante del suelo, lave mi rostro, cambie mi ropa y adoré a mi Dios.

No pasó mucho tiempo cuando me enteré que estaba embarazada nuevamente, y con este embarazo nuevas ilusiones, sin embargo nunca me imagine que podía perder otro embarazo, entendía que esta historia no se repetiría en mi vida, pues ya había sido una prueba superada, nunca te imaginas que una tragedia puede pasarte 2 veces…. La historia se volvió a repetir… Así que allí estaba yo, nueva vez con muchas preguntas y muchas lágrimas, y preguntándome cual era el plan de Dios para mí; recibí muchas llamadas pero entre todas recuerdo que hubo una amiga que me llamó muy preocupada porque había visto mis post’s en facebook y no podía entender como yo había tenido 2 pérdidas, y sus palabras textuales fueron “hay algo más ahí, tenemos que orar, hay alguna maldición generacional” y en medio de la situación en la que me encontraba por un momento llegue a considerar esa posibilidad, y me dije: hay algo que estoy haciendo mal, entendía que era mi culpa haber perdido 2 embarazos-

Es horrible lidiar con el sentimiento de culpa, recuerdo también que esa noche, mi esposo y yo estuvimos orando y Dios que es Grande en misericordia nueva vez me hablo por medio de su palabra y me recordó a Juan 8:36 «Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres” Cristo me hizo realmente libre así que lo que me pasaba era pura y simplemente la soberana voluntad de Dios, parte de su plan perfecto.

Muchas veces los sentimientos de culpa pueden embargarte, no solo por la pérdida de un embarazo como me pasó a mí, sino por un sin número de circunstancias que vivimos a diario. La historia de Ana ministró mucho mi vida porque allí estaba el propósito de Dios para mí en esta situación, 1 Samuel 1:8-11 presenta la historia de una mujer llamada Ana que estaba pasando por una situación en la cual ninguna mujer quisiera verse, Ana estaba siendo presionada por su entorno, amistades, familiares y de seguro muchas otras personas por la razón de que Ana no podía concebir, en esos versículos Ana sostiene una conversación con su marido que confrontó mi corazón porque era como si Dios estuviera preguntándome personalmente eso a mí, «Entonces Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos? Pero Ana se levantó después de haber comido y bebido en Silo, y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en la silla junto al poste de la puerta del templo del SEÑOR, ella, muy angustiada, oraba al SEÑOR y lloraba amargamente. E hizo voto y dijo: Oh SEÑOR de los ejércitos, si tú te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al SEÑOR por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza.»

Dios estaba confrontándome y a través de su palabra me mostraba, que no debía estar triste, porque Él debía ser suficiente para mi, El debía ser mejor que muchos hijos, y todo este proceso tenía como propósito único y fundamental mostrarme que Él no estaba siendo lo mas importante en mi vida, sino que mi sueño de ser madre se había convertido en algo tan importante que por un momento llegó a ocupar el lugar de Dios en mi corazón; no me mal interpreten, no estoy diciendo que el deseo de tener hijos, familia, esposo como otras muchas cosas con la cual las mujeres soñamos sean pecaminosas en sí mismas, sino que así como decía Juan Calvino nuestro corazón es una fábrica de ídolos, muchas veces nuestro sueños y anhelos llegan a ocupar el lugar que solo debe pertenecer a Dios en nuestro corazón y es en ese momento cuando debemos detenernos y pensar si realmente nuestros sueños tienen un fin en sí mismos de glorificar a Dios, si eso que anhelamos y soñamos esta proporcionalmente ligado a nuestro deseo de que Dios sea glorificado en nuestra vidas.

Talia Pérez de Tavarez

Santo Domingo, República Dominicana.

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